domingo, 29 de abril de 2012

Viajes

Ayer pasaron un millón de cometas
y ninguno se detuvo a mirar.
Desde mi ventana vi sus estelas,
corrían sin quererme llevar.

Rozaron la palma de mi mano
y quise asirme de ellas,
quise  sentirme lejano
y así dormir en las estrellas

Ayer pasaron un millón de cometas
y no me enseñaron a volar
tenía su cola bien sujeta,
desde mi ventana les vi cantar.


No me preguntaron que quería
o si tenía guardada una canción.
Sentí su indiscreta lejanía
mi casa, dijeron, no era su estación

Hoy he caminado por años
sin cometas con estelas
Encontrándome con extraños
Pidiendo luz en ajenas callejuelas.

Aún espero si algún cometa 
quiera conversar conmigo,
que me enseñe a ser poeta,
o para que yo sea su testigo.

Yo pensé que pasarían otra vez
a preguntarme por mi canción,
acompañarme en vi vejez
o sanarme el corazón.


Aunque aún me quedo en mi ventana 
con mi canción en un manuscrito,
queriendo ver nacer la mañana,
esperando un viaje a lo infinito.

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