A veces oigo un silbido
que me recuerda
tus tardes de domingo
y evita que me pierda.
Tu bolsa de incontables
colores aromáticos,
de sonidos siempre amables
y enojos flemáticos.
Tus escritos ilegibles
y rayados soñadores.
Inspirados en tangibles
deseos de escritores.
Envuelves en otros ojos
los que nosotros rechazamos
pero eres como melojos
firme, por eso te amamos.
El aroma de se confunde
cuando al ensimismarse,
tus semillas, tus herencias
bajo tus alas quieren cobijarse.
Ahora el tiempo
que ha juntado tu años
quiere llevarte en sus brazos
y pisar el último peldaño.
Aprendiz de poetiza
quiébrate en mil pedazos,
que sólo así alcanzaría
para cada uno un abrazo
jueves, 22 de agosto de 2013
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