Tengo guardado tu paraguas,
ese que olvidaste.
No te vi desde ese día
ese en que a cántaros llovía.
Sin embargo hoy te vi,
me acerqué a hablarte.
No era tu voz, pero
tenía ella un paraguas de diamante.
Cada despedida
de sonidos escondidos
cayeron como el paraguas
ese que nos mantenía unidos.
Te vi la espalda
al caminar lejos de mi.
Recogí tu paraguas,
ese que nos despidió a mi y a ti.
Hubiera querido botarlo
y no abrirlo ni por necesidad,
pero lo tengo guardado como un secreto,
como ese que te conté con suavidad.
Tengo guardado tu paraguas
debajo de este dolor
que a veces aparece y se acerca
invitándome a creer en tu calor.
miércoles, 26 de junio de 2013
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