Te vi aquella tarde sin querer verte
y pedí que fueras de verdad.
Te vi desde tu espalda
y sentí curiosidad.
Te vi como si no existiera nadie,
con tus colores, con tu perfume.
Te vi y creí que estarías,
que serías cual sabroso dulce.
Te vi y creí verte desde siempre,
como si de antes ya te viera.
Te vi desde ayer, desde hoy y desde mañana,
y quise que mi corazón te tuviera.
Hoy sigo viéndote detenida en esa esquina
comenzando a caminar tranquilamente.
Hoy permanezco con los ojos bien abiertos.
esperando cada día poder verte.
miércoles, 30 de noviembre de 2011
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